Frustraciones que te pesan como el plomo, y no permiten extender tus alas y volar...
Ya me avisaron de ello. Ya me dijeron que no era fácil cumplir lo que prometes, no hacer daño a quien más quieres sin sentirte después culpable.
¿Sabes? Quiero marcharme. No me apetece dibujar más sonrisas de tiza. Solo me apetece rendirme.
Rendirme...
sábado, 27 de noviembre de 2010
sábado, 13 de noviembre de 2010
No fue una despedida
Sueño con que estás de nuevo a mi lado, que no existe ninguna distancia entre nosotros.
Me veo entre tus brazos, respirando tu aroma, el envolvente olor de tu piel. Solo existimos tú y yo, ni el tiempo, ni la soledad pueden separarnos ni borrar la dicha que siento cuando sonríes frente a mi boca.
Miradas que se encuentran, leyendo el pensamiento del otro. Picardía. Sé lo que quieres. Yo también lo quiero.
Labios que se buscan, caricias juguetonas que pillan por sorpresa...
Entiendo que te necesito, que te quiero más que el primer día pero muchísimo menos que los días que me quedan por estar junto a tí. El fuego arde por dentro de mí, un fuego que me quema las entrañas y produce dolor... pero un dolor dulce, suave, que no deseo que termine.
Nunca había sentido algo así. Tu sabor corre por mis venas, tu imagen ha quedado adherida a mi mente, y tatuada con tinta inborrable en mi corazón. Soy feliz, inmensamente feliz.
Y despierto en medio de la oscuridad. Me doy cuenta de que la realidad es otra, pues me levanto sin verte, las horas pasan, sin saber qué haces, qué piensas, con qué otras chicas ríes, hablas, si piensas en mí tanto como yo en ti...
Tristeza, mezclada con resignación.
Mientras me miro al espejo, veo todavía los retales de esos días de verano, cuando todavía no sabía, no era consciente de que todo iba a ser tan sumamente difícil, tan doloroso.
Esa playa, ese cielo azul bajo el que te prometí que no lloraría. Ser fuerte, seguir adelante.
Nunca fue un adiós.
La palabra Adiós, hace tres meses que dejó de tener cabida en mi diccionario.
Me veo entre tus brazos, respirando tu aroma, el envolvente olor de tu piel. Solo existimos tú y yo, ni el tiempo, ni la soledad pueden separarnos ni borrar la dicha que siento cuando sonríes frente a mi boca.
Miradas que se encuentran, leyendo el pensamiento del otro. Picardía. Sé lo que quieres. Yo también lo quiero.
Labios que se buscan, caricias juguetonas que pillan por sorpresa...
Entiendo que te necesito, que te quiero más que el primer día pero muchísimo menos que los días que me quedan por estar junto a tí. El fuego arde por dentro de mí, un fuego que me quema las entrañas y produce dolor... pero un dolor dulce, suave, que no deseo que termine.
Nunca había sentido algo así. Tu sabor corre por mis venas, tu imagen ha quedado adherida a mi mente, y tatuada con tinta inborrable en mi corazón. Soy feliz, inmensamente feliz.
Y despierto en medio de la oscuridad. Me doy cuenta de que la realidad es otra, pues me levanto sin verte, las horas pasan, sin saber qué haces, qué piensas, con qué otras chicas ríes, hablas, si piensas en mí tanto como yo en ti...
Tristeza, mezclada con resignación.
Mientras me miro al espejo, veo todavía los retales de esos días de verano, cuando todavía no sabía, no era consciente de que todo iba a ser tan sumamente difícil, tan doloroso.
Esa playa, ese cielo azul bajo el que te prometí que no lloraría. Ser fuerte, seguir adelante.
Nunca fue un adiós.
La palabra Adiós, hace tres meses que dejó de tener cabida en mi diccionario.
miércoles, 10 de noviembre de 2010
Regreso
Y volviste de repente, apareciste de nuevo, sin previo aviso.
Y junto a ti traíste los recuerdos...los días que se hacían interminables, el deseo de desaparecer, el miedo, la tristeza que se pegaba como un chicle a la suela de mi zapato.
Al verte volví a sentir ese deseo de volar que había guardado, junto con los restos de una vida que esperaba no desenpolvar.
Por un momento mi corazón se detiene. Empiezas a hablarme, me preguntas cómo estoy, qué es de mi vida... y yo me pregunto, ¿y tú? ¿cómo estás tú?
Y llega el momento temido. Una pregunta que espera mi respuesta. Bajo la mirada. No sé cómo empezar. De repente siento que me he quedado sin aliento.
Una bocanada de aire. Tres, dos, uno...
Hay otro. Bueno, no se puede considerar como otro, pues nunca ha habido un nosotros...ni yo prometí que lo fuera a haber. Él. Alguien por quién todavía sigo en pie. Alguien que me hace sonreír, aunque lo que más me apetezca es llorar y rendirme. Él, solamente él.
Silencio. Llegamos a mi parada. Me despido con un rápido adiós y salgo veloz calle abajo. El aire golpea mi cara, y hace volar mi pelo por encima de los hombros. Y también hace volar de nuevo esos recuerdos...los aleja, y me devuelve otra vez a mi vida, la de ahora, la que me queda vivir.
Y mientras los tímidos rayitos de sol iluminan mi paso, me siento agradecida.
Muy agradecida.
Y junto a ti traíste los recuerdos...los días que se hacían interminables, el deseo de desaparecer, el miedo, la tristeza que se pegaba como un chicle a la suela de mi zapato.
Al verte volví a sentir ese deseo de volar que había guardado, junto con los restos de una vida que esperaba no desenpolvar.
Por un momento mi corazón se detiene. Empiezas a hablarme, me preguntas cómo estoy, qué es de mi vida... y yo me pregunto, ¿y tú? ¿cómo estás tú?
Y llega el momento temido. Una pregunta que espera mi respuesta. Bajo la mirada. No sé cómo empezar. De repente siento que me he quedado sin aliento.
Una bocanada de aire. Tres, dos, uno...
Hay otro. Bueno, no se puede considerar como otro, pues nunca ha habido un nosotros...ni yo prometí que lo fuera a haber. Él. Alguien por quién todavía sigo en pie. Alguien que me hace sonreír, aunque lo que más me apetezca es llorar y rendirme. Él, solamente él.
Silencio. Llegamos a mi parada. Me despido con un rápido adiós y salgo veloz calle abajo. El aire golpea mi cara, y hace volar mi pelo por encima de los hombros. Y también hace volar de nuevo esos recuerdos...los aleja, y me devuelve otra vez a mi vida, la de ahora, la que me queda vivir.
Y mientras los tímidos rayitos de sol iluminan mi paso, me siento agradecida.
Muy agradecida.
viernes, 5 de noviembre de 2010
Ciencia
¿Qué es ciencia? Me parece estar oyendo a la profesora de filosofía..."mis pequeños Ainsteins" (ojo, no Einsteins, AINteins).
Por suerte hoy ha sido un viernes distinto, un primer relax antes del fin de semana...
Siete de la mañana, suena el despertador. Sueño. Demasiado sueño, más que cualquier otra mañana. La almohada me llama a voces, pero no.
"Lo siento amiga, tendremos que dejarlo para más tarde...¡ahora debo salir pitando para coger el autobús!"
Ha merecido la pena. Nebulosas y lechugas. Espejos y un globo. A lo mejor os preguntáis, ¿qué leches tienen que ver unas cosas con la otras? La respuesta es...ciencia, concretamente "La Semana de la Ciencia" en el Malecón, Murcia. El mejor sitio para perderse... con una cámara de fotos y ganas de desconectar un poco.
Aquí os dejo unas instantáneas... que las disfrutéis.
Por suerte hoy ha sido un viernes distinto, un primer relax antes del fin de semana...
Siete de la mañana, suena el despertador. Sueño. Demasiado sueño, más que cualquier otra mañana. La almohada me llama a voces, pero no.
"Lo siento amiga, tendremos que dejarlo para más tarde...¡ahora debo salir pitando para coger el autobús!"
Ha merecido la pena. Nebulosas y lechugas. Espejos y un globo. A lo mejor os preguntáis, ¿qué leches tienen que ver unas cosas con la otras? La respuesta es...ciencia, concretamente "La Semana de la Ciencia" en el Malecón, Murcia. El mejor sitio para perderse... con una cámara de fotos y ganas de desconectar un poco.
Aquí os dejo unas instantáneas... que las disfrutéis.
| Mariajo y yo. |
| Disfrutando de nuestro premio umm... |
| ¿No lo sabíais? Ahora monto a caballo... |
| El pastor, los pescadores y Kathe. |
| Plantas carnívoras, ¡la del fondo muerde! |
| Yo y compañía, con el hombre canoso que si te descuidas, te mete mano. |
| "Veo la vida en color." |
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