sábado, 13 de noviembre de 2010

No fue una despedida

Sueño con que estás de nuevo a mi lado, que no existe ninguna distancia entre nosotros.
Me veo entre tus brazos, respirando tu aroma, el envolvente olor de tu piel. Solo existimos tú y yo, ni el tiempo, ni la soledad pueden separarnos ni borrar la dicha que siento cuando sonríes frente a mi boca.
Miradas que se encuentran, leyendo el pensamiento del otro. Picardía. Sé lo que quieres. Yo también lo quiero.
Labios que se buscan, caricias juguetonas que pillan por sorpresa...
Entiendo que te necesito, que te quiero más que el primer día pero muchísimo menos que los días que me quedan por estar junto a tí. El fuego arde por dentro de mí, un fuego que me quema las entrañas y produce dolor... pero un dolor dulce, suave, que no deseo que termine.
Nunca había sentido algo así. Tu sabor corre por mis venas, tu imagen ha quedado adherida a mi mente, y tatuada con tinta inborrable en mi corazón. Soy feliz, inmensamente feliz.


Y despierto en medio de la oscuridad. Me doy cuenta de que la realidad es otra, pues me levanto sin verte, las horas pasan, sin saber qué haces, qué piensas, con qué otras chicas ríes, hablas, si piensas en mí tanto como yo en ti...
Tristeza, mezclada con resignación.
Mientras me miro al espejo, veo todavía los retales de esos días de verano, cuando todavía no sabía, no era consciente de que todo iba a ser tan sumamente difícil, tan doloroso.




Esa playa, ese cielo azul bajo el que te prometí que no lloraría. Ser fuerte, seguir adelante.
Nunca fue un adiós.
La palabra Adiós, hace tres meses que dejó de tener cabida en mi diccionario.

1 comentario: