viernes, 4 de febrero de 2011

Despierta.

Sabes que la vida no siempre es como querríamos que fuera. Hay días en los que te paras a pensar y a buscarle un sentido y por mucho que lo intentas, no lo encuentras. Entonces miras tu lista de deseos, aquel papel arrugado entre los todavía no desempolvados libros del último estante, y vuelve a tí la pena, la frustración.
¿Qué hacer? Yo no soy la persona más optimista, que digamos. Pero aprendí a ver más allá de toda esa tristeza, a apartar de un soplo todas esas nubes negras. Darme cuenta de todo lo que tengo, de las personas especiales que tengo a mi lado, de lo afortunada que soy de poder siquiera aspirar a que me quieran como lo hacen.
Aunque no nos demos cuenta, pequeñas cosas como sentir el suave tacto de mis calcetines de pelo, zamparme en unos segundos mis sabrosas galletas de chocolate, el beso del primer amor en una estación de autobús, son las que hacen de la vida un pasatiempo alegre, algo que merece la pena probar.


¿Lo sientes?  Es el abrazo del mar, el cielo, la brisa...
Un beso, el beso de la felicidad.

martes, 1 de febrero de 2011

La luz de la revolución.

Aires de serenidad que pronto se volverán turbulentos.
Porque cuando nadie parece preocuparse por tí y por tus problemas, y existe algo que no solo te afecta a tí, sino a muchas más personas como tú, es ahí cuando sientes la necesidad de alzar al voz. De protestar. Esa necesidad llega a tí como el pequeño brillo de una luz al final del largo y tortuoso pasillo a oscuras.



Esa luz, señoras y señores, es la luz de la revolución. Aquella sin la que no encontraríamos la salida a un mundo que cada día se hunde un poco más ahogando a cada uno de los que habitan en él.