Aires de serenidad que pronto se volverán turbulentos.
Porque cuando nadie parece preocuparse por tí y por tus problemas, y existe algo que no solo te afecta a tí, sino a muchas más personas como tú, es ahí cuando sientes la necesidad de alzar al voz. De protestar. Esa necesidad llega a tí como el pequeño brillo de una luz al final del largo y tortuoso pasillo a oscuras.
Esa luz, señoras y señores, es la luz de la revolución. Aquella sin la que no encontraríamos la salida a un mundo que cada día se hunde un poco más ahogando a cada uno de los que habitan en él.

No hay comentarios:
Publicar un comentario